La Estudiantina: una escuela de vida que late en las calles de Posadas

El "valor invisible" que los adultos no deberíamos ignorar

No nací en Posadas. Por eso, cuando escuché por primera vez hablar de “la Estudiantina”, confieso que no imaginaba la magnitud de lo que significa para nuestros adolescentes y también para esta ciudad. Pensé que era solo un desfile con música y comparsas escolares. Hasta que lo viví como madre.
Y entonces lo entendí: no es solo un evento, es una experiencia humana, emocional y formativa como pocas.

Más que un desfile: un laboratorio emocional y social

En tiempos en los que los adultos nos solemos quejar de que “los chicos ya no se comprometen con nada”, la Estudiantina demuestra lo contrario.
Durante meses, cientos de adolescentes y jóvenes se organizan, ensayan, crean, coordinan y trabajan con una pasión que pocas veces vemos y que muchos deberiamos llevar a nuestros trabajos .

Lo que desde afuera puede parecer “ruido y lentejuelas”, en realidad es una verdadera gimnasia cerebral y emocional a gran escala:

  • Aprenden a gestionar la vergüenza y la exposición pública, cuando deben bailar, tocar o desfilar frente a miles de personas.

  • Desarrollan resiliencia emocional, porque hay frustraciones, diferencias, errores y cansancio.

  • Fortalecen su sistema de recompensa, ese circuito cerebral (dopamina mediante) que se activa con el esfuerzo compartido, el logro y la alegría.

  • Consolidan habilidades de cooperación, donde el cerebro libera oxitocina, la hormona del vínculo y la confianza.

  • Y sobre todo, vuelven a sentir orgullo por algo colectivo, algo que no se mide en likes, sino en ritmo, coordinación y emoción real.

Ciencia y pasión: la neuroeducación detrás del tambor

Desde la neurociencia sabemos que las experiencias intensas que involucran movimiento, emoción y pertenencia generan nuevas conexiones neuronales.
Cada ensayo activa el sistema dopaminérgico (motivación y placer), el cerebelo y la corteza motora (coordinación y ritmo), y el sistema límbico (memoria emocional).
Por eso, lo que los jóvenes viven en la Estudiantina deja huellas duraderas en su cerebro y en su identidad.
Están aprendiendo sin darse cuenta —y eso es lo mejor que puede pasarle al aprendizaje.

Un espacio para acompañar, no para juzgar

Como madre aprendí a valorar la oportunidad que me dió éste espacio de acompañar a mis hijas. No desde el control o la crítica, sino desde la presencia y la empatía.
Porque cuando un adolescente ensaya hasta tarde, se frustra, discute o se emociona, está aprendiendo a gestionar su mundo interno.
Y ahí estamos nosotros, los adultos, llamados a “sostener”, no a apagar esa chispa divina que cada uno lleva dentro.

Sí, ocurren algunos hechos desafortunados, como en cualquier espacio donde las personas conviven. Pero no podemos permitir que lo negativo opaque el valor educativo, cultural y emocional de este evento.
La Estudiantina no es el problema, puede ser parte de la solución: un espacio donde nuestros hijos aprenden a ser parte de algo más grande que ellos.

De madre a madre, de foránea a posadeña

No nací en Posadas, pero después de vivir la Estudiantina con mis hijas, puedo decir que me adoptó.
Aprendí a amar el sonido de los redos, los tones, las chanchas, la emoción de las tribunas, el brillo en los ojos de los chicos.
Aprendí que en cada paso de baile, en cada estandarte levantado y en cada abrazo después del desfile, hay un aprendizaje en la escuela de la vida.

Porque al final, lo que late en esas calles no es solo música: es el espíritu de una generación que necesita más espacios para expresarse, crear, sentir y compartir.

Gracias Chicos !!!!

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Bienestar integral y actitud femenina saludable para mujeres +40 que eligen vivir con propósito.”