
Estos días, en el post de consultas de Crea tu Bienestar, surgió un tema que nos toca a muchas: la actividad física y las dificultades que aparecen una y otra vez cada vez que intentamos empezar.
No te voy a contar nada que no sepas. Tomar la decisión de moverse más es difícil. Siempre parece haber algo más urgente, más cómodo, más atractivo que salir a caminar, entrenar o moverte. Pero creeme: esa “sensación” se puede transformar.
Y todo comienza con una mirada distinta.
¿Alguna vez pensaste en el privilegio que es poder elegir si hacés o no actividad física?
Muchas personas ya no tienen esa posibilidad. Su cuerpo no se los permite. Y eso lo cambia todo.
Te comparto una anécdota que leí en el libro Correr mejor, vivir mejor de Santiago García.
Él cuenta que, corriendo una ultramaratón en Brasil, en el kilómetro 33 de los 50 que tenía por delante, se cruzó con un hombre mayor que participaba en otra distancia (21 km) y que recién iba por el kilómetro 4. Al pasarlo, el hombre lo miró, lo felicitó, y él le respondió: “¡Suerte!”. El hombre sonrió y le dijo simplemente: “La tenemos.”
Esa frase lo conmovió profundamente. Y a mí también.
Porque ese corredor mayor ya lo había entendido todo. Había descubierto que el solo hecho de poder moverse, elegir correr, tener un cuerpo que responde… ya era una forma de suerte. Una bendición.
Entonces, el primer punto que podés practicar hoy es el agradecimiento: por tener un cuerpo que te permite elegir moverte. Tal vez no como antes, tal vez no como te gustaría… pero podés. Y eso ya es mucho.
Ahora bien, además de agradecer, te propongo mirar hacia adentro:
¿Qué te pasa con la actividad física?
¿Cuál es tu relación con ella hoy?
¿Dónde están tus intereses, tus prioridades reales en este momento de tu vida?
Porque todo lo que tiene que ver con un estilo de vida saludable —alimentación, ejercicio, descanso— requiere cierta incomodidad. Y nuestro cerebro, naturalmente, tiende a evitarla. Por eso, necesitamos voluntad consciente. Y esa voluntad tiene que estar alineada con algo que te importe de verdad.
Te invito a hacerte algunas preguntas:
¿Qué es relevante para mí hoy?
¿Qué deseo lograr yo, más allá de lo que otros dicen que “debería” hacer?
¿Para qué quiero moverme más?
¿Qué espero experimentar a través del ejercicio?
Tal vez te pase como a mí (cada vez menos, por suerte): me subía al tren de lo que otros consideraban importante, pero no era lo que mi cuerpo, mi historia o mi deseo necesitaban. Entonces, claro, me costaba sostenerlo. Porque no tenía sentido para mí.
Antes de empezar, revisá tus prioridades. Preguntate qué lugar ocupa en tu mente esta acción concreta. Hacé una lista de los beneficios que podrías obtener. Pero sobre todo, observate con honestidad: ¿estás eligiendo esto por vos, o por mandato, comparación o exigencia externa?
Quizás descubras que hay otras maneras de cuidar tu bienestar. O quizás, por fin, conectes con un motivo profundo que te impulse a moverte con alegría, y no con culpa.
Porque de eso se trata: de conocerte cada vez más, y de que lo que elijas hacer esté verdaderamente alineado con vos. Solo así vas a experimentar una sensación genuina de bienestar, calma y coherencia interna.
Y para cerrar, un tip simple pero poderoso:
Períodos cortos de movimiento intenso, como 3 bloques de 10 minutos al día, repetidos 4 o 5 veces por semana, pueden tener enormes beneficios para tu salud, tu imagen y tu autoestima.
No es todo o nada. No es perfecto o inútil.
Es intención, constancia y respeto por vos misma.
Mantenerme inspirada
“Bienestar integral y actitud femenina saludable para mujeres +40 que eligen vivir con propósito.”
Creado con ©systeme.io• Política de Privacidad • Términos del servicio